Amaneceres nuevos
Mientras caen sus hojas,
el árbol se desnuda sin pudor
Pasan los años y van acumulándose
las cenizas de unas brasas
que fueron fuego.
Nada congela al tiempo
ni a su reloj de arenas movedizas.
Pero no hay vuelta atrás,
esperar es fiebre que marchita.
Cruzar el océano frío
es ahora la redención.
Quizá, en la otra orilla,
espere la savia que da vida,
silvando una canción
con un mágico son
de remotos sonidos.
Imán, brújula y faro
sin cantos de sirena
ni ruedas de molino
disfrazadas de calor.
Carpintero de barco,
marinero de velas
al viento y al sol;
huye, ahora que puedes
Clava tus pies en otras tierras,
en otros pueblos,
en otras lenguas,
en otros brazos,
en otro amanecer.
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