Si me ves, no me asustes
Al borde de la cornisa
di un paso más al final
y olvidé de pronto el tacto.
Perdí lo que tenía en los bolsillos:
el hambre, la sed y a mí mismo.
En la oficina de objetos perdidos
no me reconozco; no estoy.
Al principio era una sensación extraña,
pero no tardé en adaptarme
a caminar con los brazos colgando.
Comentar este post
/image%2F1178483%2F20161203%2Fob_6d7f0a_perfil-retocado-1.jpg)
