Hojas secas
Quise adornar
tus puertas y ventanas
con gemidos de todas las notas.
Quise entrar
girando las esquinas de tu risa,
bien abierto,
pisando descalzo la hierba.
Quise horadar
tu cuerpo desde el ombligo.
En la sima de tu boca,
dormirme sobre tu lengua.
Mientras tanto, agosto,
tras una nube escondido,
decía adiós.
Sabías de partidas en silencio.
Tu despedida fue traer la lluvia
para arrastrar lo poco que quedaba:
polvo y hojas secas.
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